Organización Meteorológica Mundial advierte sobre un 80% de probabilidad de que El Niño llegue entre junio y agosto
El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible replicó este martes 2 de junio, a través de su cuenta de X, un nuevo anuncio de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que fue comunicado por el secretario general de la ONU, António Guterres. Según indicó la organización, existe un 90 por ciento de probabilidad de que el fenómeno de El Niño se presente antes de noviembre, y un 80 por ciento de que se presente entre junio y agosto.
“La ciencia es clara. El Niño está llegando a nuestra puerta en los próximos meses con un 90 por ciento de certeza. El mundo debe tratarlo como la urgente advertencia climática que es. Las condiciones de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se calienta”, señaló Guterres. El secretario también hizo un llamado para tomar acciones que redujeran el daño ambiental. “La única respuesta efectiva es una acción climática a la altura de la crisis, poniendo fin a la adicción a los combustibles fósiles, acelerando el cambio a las energías renovables, protegiendo a los más vulnerables y entregando sistemas de alerta temprana para todos”, explicó.
Impacto en Colombia y llamado a la preparación
Por su parte, el Ministerio indicó que, en el caso de Colombia, el escenario está marcado por la acumulación de varios fenómenos de variabilidad climática: meses con déficit de lluvias que han generado estrés hídrico y temperaturas históricas en distintas regiones del país. Por esos motivos, la entidad hizo un llamado a prepararse y actuar de manera anticipada, y así proteger el agua, los ecosistemas y a las comunidades.
Alertas emitidas por la OMM y monitoreo del fenómeno
La Organización Meteorológica Mundial emitió un comunicado este 2 de junio con nueva información sobre el próximo fenómeno de El Niño. De acuerdo con la organización, hay una probabilidad del 80 por ciento de que un episodio de El Niño llegue entre junio y agosto de 2026. La probabilidad de que esas condiciones se consoliden al menos hasta noviembre es cercana o superior al 90 por ciento.
Según datos recogidos de diversas plataformas de observación empleadas por la OMM, desde finales de abril hasta mediados de mayo, la superficie del mar de la zona centroriental del Pacífico ecuatorial —región que se ha utilizado para los monitoreos— ha presentado valores de temperatura muy cerca de los umbrales que caracterizan al fenómeno de El Niño. “Tenemos que prepararnos para un episodio de El Niño potencialmente fuerte, que exacerbará las sequías, potenciará las lluvias intensas y agravará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”, explicó la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo.
Además, el organismo aclaró que no utiliza el término "súperepisodio" porque no forma parte de las clasificaciones operativas normalizadas. De igual forma, no hay indicios de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño. No obstante, sí que puede amplificar los efectos asociados, porque fenómenos como las olas de calor y las lluvias intensas disponen de más energía y humedad, a raíz del incremento de las temperaturas del aire y del océano.
Consecuencias anunciadas por la OMM
La organización explicó que El Niño suele traer un aumento de las precipitaciones en algunas zonas del sur de América del Sur, el sur de los Estados Unidos, partes del Cuerno de África y Asia central, así como condiciones más secas en América Central, el norte de América del Sur, el Caribe, Australia, Indonesia y partes del sur de Asia. Durante el verano del hemisferio norte del planeta, las temperaturas oceánicas pueden intensificar huracanes en las zonas central y oriental del Pacífico y, al mismo tiempo, obstaculizar la formación de huracanes en el Atlántico.
Por otro lado, la OMM informó que su boletín sobre el clima estacional mundial entregó pronósticos de temperaturas superiores a lo normal en casi todas las partes del mundo para los meses de junio, julio y agosto. Como producto de esa situación, en algunas regiones aumentan los riesgos de estrés térmico y de peligros combinados, y se acelera la aparición de sequía donde se reduzcan las lluvias.



