El sector turístico en Cuba enfrenta una de sus crisis más graves después de que, en menos de una semana, las cuatro principales operadoras hoteleras extranjeras en la isla —Meliá, Iberostar, Blue Diamond y Archipelago International— decidieran abandonar total o parcialmente sus operaciones. Esta salida masiva de capital y gestión internacional es consecuencia directa de la Orden Ejecutiva estadounidense del 1 de mayo, que impone sanciones a entidades con vínculos comerciales con el Estado cubano, y de la sanción al conglomerado militar Gaesa.
Repliegue de los gigantes hoteleros
La cadena española Meliá, la mayor operadora extranjera en Cuba, anunció el cese inmediato de la gestión y comercialización de 15 de sus 35 hoteles, alegando "circunstancias sobrevenidas ajenas" vinculadas al contexto geopolítico, legal y económico. Por su parte, Iberostar redujo drásticamente su presencia de 18 a solo seis establecimientos, abandonando todas las propiedades de Gaviota (brazo turístico de Gaesa) y conservando solo hoteles de Cubanacan y Gran Caribe, dependientes del Ministerio de Turismo.
La canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipelago International optaron por el abandono total de la isla. Blue Diamond operaba cerca de 15 hoteles, mientras que Archipelago International gestionaba seis, incluido el emblemático Grand Aston en el Malecón habanero.
Impacto en la economía cubana
Este éxodo deja aproximadamente 50 instalaciones hoteleras sin operador internacional. El turismo es clave para la entrada de divisas y la recuperación del PIB cubano. Las estadísticas muestran una caída del 55,8 % en la llegada de turistas en los primeros cuatro meses del año en comparación con el mismo período de 2025, con solo 328.608 visitantes. En 2025, las cifras ya eran las peores desde 2002, sin contar la pandemia.
Posibles escenarios
El Ministerio de Turismo y Gaviota aún no han emitido una respuesta oficial. Entre las opciones para evitar el colapso están: que el Estado cubano o Gaviota asuman la gestión directa; buscar nuevos operadores internacionales sin intereses en EE.UU.; o cerrar temporalmente las instalaciones por baja demanda y ahorro energético. La salida de estas cadenas profundiza la crisis del sector turístico, que ya enfrentaba condiciones adversas y un entorno regulatorio restrictivo. El futuro del turismo internacional en la isla es incierto.



