La inflación en Colombia volvió a mostrar señales de presión durante mayo y encendió las alertas sobre el comportamiento de los precios para el resto del año. De acuerdo con la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) alcanzó una variación anual de 5,84%, la más alta desde agosto de 2024, mientras persisten factores como la indexación, los ajustes en precios regulados y el fenómeno del Niño, que podrían dificultar el retorno al rango meta del Banco de la República.
Presiones inflacionarias persistentes
Aunque la variación mensual fue de 0,47%, un dato inferior a algunas expectativas del mercado, el análisis advierte que las presiones subyacentes continúan acumulándose en distintos componentes de la economía. La principal preocupación radica en que el proceso de desinflación perdió impulso y la convergencia hacia niveles entre 2% y 4% podría tomar más tiempo de lo previsto inicialmente.
El informe señala que el repunte de la inflación confirma “lo desafiante que será lograr una convergencia más rápida hacia la meta”. Bajo este escenario, la proyección para el cierre de 2026 se mantiene en 6,4%, reflejando un entorno en el que varios factores continúan ejerciendo presión sobre el costo de vida de los hogares.
Servicios: el principal impulsor
El principal responsable del incremento observado en mayo fue el componente de servicios, que explicó el 59% de la inflación mensual. La dinámica estuvo impulsada por mecanismos de indexación que siguen trasladando aumentos de costos a sectores como arriendos, restaurantes y copropiedades. Como resultado, la inflación anual de servicios llegó a 7,05%, alcanzando su nivel más alto desde noviembre de 2024.
El análisis atribuye parte de este comportamiento al impacto acumulado del salario mínimo y a los ajustes automáticos que continúan realizándose con base en la inflación registrada previamente. La persistencia de estos mecanismos ha impedido una reducción más rápida de los precios. Además, el documento advierte que el efecto total del incremento salarial aún no se refleja plenamente en la economía.
Muchas empresas han operado durante los últimos meses con inventarios adquiridos a menores costos y han contado con margen para renegociar contratos laborales y acuerdos con proveedores. Sin embargo, este rezago en el traslado de costos podría comenzar a reducirse durante los próximos meses. Según el informe, esta situación abre la puerta a nuevas presiones inflacionarias en diferentes actividades económicas durante la segunda mitad del año.
Tarifas reguladas y fenómeno del Niño elevan los riesgos
A las presiones derivadas de los servicios se suman los incrementos en los precios regulados. Durante mayo, esta categoría registró una variación mensual de 0,92%, un nivel significativamente superior a sus promedios históricos. El comportamiento estuvo asociado principalmente a los ajustes en la gasolina y en las tarifas de servicios públicos, componentes que continúan ejerciendo una influencia importante sobre la evolución del IPC.
La combinación de estos factores ha contribuido a mantener elevadas las presiones inflacionarias pese a algunos alivios observados en otras categorías. Precisamente, uno de los pocos elementos que ayudó a moderar el dato de mayo fue el comportamiento de los alimentos. El grupo registró una variación mensual de -0,03%, favorecido por una mejor oferta de productos. Tanto los alimentos perecederos como los procesados presentaron reducciones de precios que contribuyeron a contener parcialmente el avance de la inflación.
No obstante, el análisis advierte que hacia adelante podrían aparecer nuevos factores de presión. Entre ellos sobresale el fenómeno del Niño previsto para la segunda mitad de 2026, que podría generar impactos sobre diferentes cadenas productivas y afectar la evolución futura de los precios.
Inflación básica en ascenso
La persistencia de las presiones inflacionarias también se refleja en los indicadores de inflación básica. Las métricas observadas a mayo se ubicaron en promedio en 5,9%, niveles que no se registraban desde el segundo semestre de 2024 y que completan seis meses consecutivos de aumento. Para los analistas, este comportamiento evidencia que las presiones subyacentes siguen presentes y que el proceso de corrección de la inflación será más lento de lo esperado.
A diferencia de los movimientos temporales asociados a determinados productos, la inflación básica suele reflejar tendencias más persistentes dentro de la economía. En este contexto, el informe considera que el Banco de la República se verá obligado a mantener una postura monetaria restrictiva con el objetivo de anclar las expectativas de inflación. La expectativa es que el ciclo de incrementos en la tasa de interés se reanude en la reunión del 30 de junio.
De concretarse ese escenario, la tasa de política monetaria podría alcanzar un nivel terminal de 12,75% durante los próximos meses. Así, mientras los alimentos ofrecen un alivio parcial y los bienes mantienen cierta estabilidad gracias a menores precios en categorías como tecnología y vehículos, los servicios, los regulados y los riesgos climáticos continúan configurando un panorama en el que el regreso al rango meta de inflación será más demorado de lo previsto.



