Después de ser uno de los principales motores del crecimiento económico colombiano durante 2025, el sector agropecuario comenzó 2026 en terreno negativo. El PIB real del agro cayó 1,4% en el primer trimestre del año, golpeado principalmente por el desplome del cultivo de café (-30,5%) y la pesca y acuicultura (-19,5%), según el análisis del Equipo de Investigaciones Agroindustria del Grupo Cibest.
El resultado coincide con un momento de alta incertidumbre internacional, marcado por el encarecimiento de fertilizantes, el conflicto en Medio Oriente y la inminente llegada de un nuevo Fenómeno de El Niño.
Productividad agrícola en América Latina
La caída del agro colombiano se produce justo cuando organismos multilaterales advierten que América Latina enfrenta un estancamiento estructural en la productividad agrícola. El informe Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas, elaborado por IICA, Cepal, FAO y CAF, sostiene que elevar la productividad es hoy una prioridad estratégica para garantizar seguridad alimentaria, sostenibilidad y resiliencia frente a choques climáticos y económicos.
El caso colombiano refleja buena parte de esas tensiones. Durante 2025, el agro sobresalió por impulsar la economía nacional junto con sectores como comercio y entretenimiento. Sin embargo, el cambio climático alteró el comportamiento productivo, especialmente en el café, que representa aproximadamente el 8% del PIB real agropecuario.
Variabilidad climática afecta al café
El documento del Grupo Cibest señala que la variabilidad climática ha condicionado la producción cafetera, trasladando esa volatilidad al desempeño agregado del sector. Después de una recuperación importante en 2024, favorecida por la salida de La Niña, las lluvias volvieron a afectar los cultivos durante el primer trimestre de 2026.
El deterioro no se limitó al café. El reporte del Dane también registró caídas en arroz (-17,5%), cacao (-22,8%) y cítricos (-4,5%). Aun así, algunas actividades agrícolas mostraron un comportamiento favorable, como leguminosas (14,7%), caña panelera (7,6%), flores (7,3%) y otras frutas (4,1%).
Producción pecuaria se consolida
La producción pecuaria siguió consolidándose como uno de los soportes del agro colombiano. Después de crecer 8,1% en 2025, el PIB real de la rama ganadera aumentó 6,4% en el primer trimestre de 2026. Dentro de las actividades con mayores avances sobresalieron el ganado porcino (16,4%), la leche cruda (8,3%), los huevos de gallina (6,6%) y el pollo y otras aves de corral (3,5%).
En contraste, la caída de pesca y acuicultura sorprendió al mercado. El análisis advierte que la piscicultura sigue siendo una actividad en expansión y que las exportaciones a marzo crecieron de manera significativa, especialmente en atunes aleta amarilla (241%) y tilapia entera y en filete (194% y 33%).
Entorno internacional complejo
El deterioro del agro colombiano coincide con un entorno internacional complejo. El conflicto entre Irán y Estados Unidos disparó el precio del petróleo y elevó la presión sobre fertilizantes, combustibles y químicos utilizados por el sector productivo. El informe advierte que el bloqueo en el Estrecho de Ormuz afecta especialmente a los fertilizantes nitrogenados, debido a la dependencia de materias primas como el gas natural. Desde el inicio del conflicto, los precios internacionales de la urea y el DAP han aumentado más del 25%.
La presión podría sentirse con más fuerza en Colombia durante los próximos meses. El documento señala que el traslado de los precios internacionales al mercado local tarda entre tres y cinco meses. Mientras el precio internacional de la urea a abril fue 82% superior al de febrero, en el mercado nacional la diferencia fue del 19%.
Riesgo climático y financiero
A esto se suma el riesgo climático. Según la NOAA, la probabilidad de un Fenómeno de El Niño supera el 80% desde mayo y existe un 31% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte hacia el trimestre móvil alrededor de enero de 2027. El Grupo Cibest advierte que un evento extremo podría afectar sectores como arroz, ganadería, banano y palma africana, mientras que cultivos como café, algunos frutales y azúcar podrían verse favorecidos dependiendo de la intensidad.
Las preocupaciones también alcanzan el frente financiero. El informe sostiene que las nuevas presiones inflacionarias dificultan nuevos recortes de tasas en Estados Unidos y que, en Colombia, la inflación al alza hace difícil pensar en una flexibilización monetaria antes de 2027. En medio de este escenario, el agro colombiano enfrenta mayores costos laborales, incrementos en servicios públicos, combustibles más caros y una tasa de cambio menos favorable frente al promedio de 2025.
Comercio exterior agropecuario
A pesar de las dificultades, el comercio exterior agropecuario continúa mostrando fortaleza. Según el Dane, las exportaciones agregadas de productos agropecuarios, alimentos y bebidas crecieron 33% en dólares durante 2025, mientras que combustibles e industrias extractivas cayeron 8% y las manufacturas apenas avanzaron 5%.
El informe destaca que la canasta exportadora colombiana es más amplia de lo que usualmente se reconoce. Además de café verde, flores, banano y aguacate, también sobresalen aceite de palma, aceite de palmiste, azúcar, ganado en pie, carne de res, café procesado y artículos de confitería elaborados con azúcar y cacao colombiano.
Sin embargo, algunos sectores ya comienzan a mostrar señales de presión. Las exportaciones de café registraron una caída de 18% en volumen al inicio del año, situación asociada a las lluvias y su impacto sobre la floración de los cafetales. Otros renglones mantienen una dinámica positiva, como el negocio bananero, que mejoró su productividad y registró un crecimiento de 20% en volumen durante 2025. Las flores también continúan expandiéndose, con un crecimiento de 8% en volumen exportado hasta marzo.
América Latina: rezago estructural
Mientras Colombia enfrenta un entorno más desafiante, el informe conjunto de IICA, Cepal, FAO y CAF plantea que América Latina atraviesa un problema estructural de productividad agropecuaria. La productividad total de los factores en la región aumentó apenas 5% durante la última década, equivalente a 0,9% anual. Además, cerca del 75% del crecimiento productivo provino del mayor uso de insumos y solo el 25% de mejoras en eficiencia.
El diagnóstico apunta a seis grandes cuellos de botella: heterogeneidad estructural, brechas tecnológicas, gobernanza débil, desigualdades territoriales y digitales, limitaciones de talento humano y restricciones de financiamiento. Durante la presentación del estudio, el director general del IICA, Muhammad Ibrahim, afirmó que “debemos elevar la productividad como objetivo central de la política tanto para el crecimiento económico como para una mayor movilidad y equidad social”.
Las mayores dificultades recaen sobre los pequeños productores. El informe indica que cerca de 16 millones de pequeñas fincas, equivalentes a más del 80% del total regional, enfrentan limitaciones severas de acceso a tierra, tecnología, financiamiento y mercados. También persisten brechas críticas en conectividad y crédito rural. Apenas el 15% de los pequeños productores accede a crédito formal y solo el 39% de los hogares rurales tiene acceso a internet.
Los organismos multilaterales advierten que la productividad agropecuaria será determinante para reducir el costo de una dieta saludable en América Latina. En 2024, el costo promedio regional se estimó en US$5,16 por persona al día, por encima del promedio mundial de US$4,46. Como resultado, cerca del 28% de la población regional no puede costear una dieta saludable, proporción que alcanza el 50% en el Caribe.
Frente a este panorama, el informe propone fortalecer la investigación agropecuaria, financiamiento, asistencia técnica, transformación digital y sistemas productivos sostenibles. Desde la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs aseguró que “el agro puede ser un motor decisivo para salir de la trampa de baja capacidad para crecer que afecta a América Latina y el Caribe”. Mientras tanto, la FAO insistió en la necesidad de incorporar ciencia y tecnología al campo regional. Rene Orellana Halkyer sostuvo que “invertir en telecomunicaciones, energía y transporte es fundamental para conectar los territorios rurales, reducir costos logísticos, ampliar el acceso a mercados y fortalecer sistemas productivos más eficientes, inclusivos y resilientes”.
Para Colombia, el desafío aparece cada vez más ligado a la capacidad de adaptarse a un entorno de alta volatilidad climática y financiera. El país mantiene uno de los sectores agroexportadores más dinámicos de la región, pero al mismo tiempo enfrenta riesgos crecientes asociados a fertilizantes, tasas de interés, clima extremo y costos de producción.



