Una figura de barro de 30 centímetros, bautizada como 'Alfarito', se ha convertido en la última muestra de la devoción por el seleccionador argentino Gustavo Alfaro en Paraguay. El país sudamericano regresa a la Copa del Mundo después de 16 años de ausencia, de la mano del entrenador santafesino.
El origen de los Alfaritos
La pieza, que el alfarero paraguayo David Chun ideó como una alcancía o hucha, pero que también funciona como talla decorativa con el rostro de Alfaro, nació después de una charla informal entre amigos. "Estábamos reunidos con un amigo y mi señora, hablábamos de que la persona con menos rechazo en Paraguay sería el profesor Alfaro, y se nos ocurrió una idea de poder representarlo", explicó Chun a EFE.
Más que un negocio, Chun buscaba homenajear al entrenador de 63 años, quien tras guiar el regreso de la Albirroja al Mundial desató sin proponérselo una 'Alfaromanía' entre los hinchas paraguayos. En Paraguay, Alfaro es "el profesor" del equipo nacional de fútbol, pero también el "papá guasu", un término que mezcla el castellano con el idioma guaraní para dejar en claro que el argentino es visto como un gran líder.
Un entrenador que devolvió la ilusión
El seleccionador tomó las riendas de la Albirroja en medio de una crisis de resultados y consiguió enderezar el rumbo de la selección, que se quedó con uno de los seis billetes directos de la Conmebol a la Copa del Mundo, pese a su dubitativo arranque de las eliminatorias. "Alfaro nos devolvió la ilusión de poder participar en el Mundial", afirmó Chun al recordar el emocionante paso de la Albirroja por las eliminatorias, en las que llegó a ganar como local a potencias como Brasil o Argentina. "Por eso nos surgió la idea (de los 'Alfaritos') y calculamos que iban a tener éxito", añadió.
El proceso artesanal
En la elaboración de cada talla ocurre una "magia" en la que confluyen la tradición que se respira en Paraguay, un país que abraza su herencia guaraní, y la modernidad que permite dar la característica de serie a las piezas. "Tenemos un diseñador gráfico que nos saca los moldes originales en 3D", refirió Chun al revelar el porqué de que todas las piezas sean idénticas pese a su origen artesanal.
Sobre los moldes, un colaborador de Chun, el experimentado alfarero Ramón Veloso, vierte arcilla negra con habilidad y luego deja reposar la obra varias horas hasta que se deshidrata. Este paso es clave para el desmolde sin afectar la pieza, que luego recibe retoques y se seca al sol durante varios días. En el último paso, las tallas entran a un horno artesanal que se alimenta de leña y se cuecen durante 24 horas.
Producción y demanda
Fabricar un lote de 100 Alfaritos toma entre 5 y 7 días, aunque el tiempo puede aumentar si las piezas recibieran una mano de pintura, como suele ocurrir con muchas de ellas. Por ahora, Chun y la veintena de trabajadores de la Alfarería Jacaré Pirú de Areguá, una localidad a casi 20 kilómetros de la capital Asunción, están fabricando entre 100 y 200 tallas por semana. "Nos llaman de todas partes haciendo sus reservas, pero lastimosamente no podremos cumplir con todos", reconoció el hombre de 45 años.



