Alejandro Sanz regresa a Sevilla: emoción y música en La Cartuja
Alejandro Sanz regresa a Sevilla: emoción y música en La Cartuja

Hay artistas que visitan Sevilla y hay artistas que vuelven a casa. Alejandro Sanz pertenece a los segundos. El músico madrileño eligió el Estadio de La Cartuja para abrir el tramo español de su gira '¿Y ahora qué?', una pregunta a la que respondió sobre el escenario apenas comenzó la noche: "Ahora, música".

A las puertas del estadio, seguidores habían estado acampando cerca de dos semanas para asegurarse el mejor sitio posible y descubrir la respuesta. Horas antes del espectáculo, los autobuses que llegaban a La Cartuja viajaban abarrotados de fans, lo que terminó en un recinto completamente lleno. El propio artista anunció en sus redes sociales el cartel de sold out apenas dos horas antes de salir al escenario.

Los gritos comenzaron mucho antes de que Alejandro Sanz pisara las tablas. Cuando sonó la primera palabra de 'Desde cuándo', la emoción contenida estalló. Miles de voces acompañaron al cantante, que llevaba seis años sin cantar en la capital andaluza. La noche estuvo atravesada por una idea constante: el tiempo, con la mezcla de “las canciones de siempre” y las de su nuevo álbum. A sus 57 años, Sanz demostró que algunas cosas permanecen intactas: conserva la misma energía, la misma cercanía y esa capacidad poco común de hacer sentir a cada espectador que le canta directamente a él.

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Durante 'Por bandera', Alejandro ondeó una enorme bandera andaluza acompañada de imágenes de la paz mundial en las pantallas. Sevilla y el mundo unidos en una misma postal. Una declaración de principios en un concierto donde también hubo espacio para hablar de salud mental, emociones y heridas que no siempre se ven.

"Esta noche estoy cumpliendo el sueño del niño que fui, que solo quería contarles y que vivieran esto", confesó en uno de los momentos más íntimos del concierto. "Quiero darles las gracias en nombre de mi 'Soledad y yo'".

La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos al recordar a dos figuras profundamente ligadas a Andalucía. Primero evocó al periodista sevillano Jesús Quintero. "La última vez que vi a Jesús fue aquí, en Sevilla", recordó antes de citar una de sus reflexiones más conocidas: "Una canción no puede parar un tanque, pero puede partir el corazón del guerrero que lo conduce".

Después llegó uno de los instantes más difíciles de la noche: Alejandro Sanz intentó contener las lágrimas al recordar a la periodista sevillana Ana García Romero, fallecida recientemente y con quien mantenía una estrecha amistad desde hacía años. Mirando al cielo, le dedicó unas palabras cargadas de afecto.

Porque si algo tuvo este concierto fue una extraordinaria capacidad para viajar de la intimidad a la celebración. El público se puso en pie una y otra vez para cantar himnos generacionales como "Amiga mía", "Cuando nadie me ve" o "No es lo mismo". En algunos momentos fue difícil distinguir quién sostenía realmente la canción, si el artista o las más de treinta mil gargantas que la coreaban.

"A veces soy tuyo", canta Sanz en "Cuando nadie me ve". Pero este sábado fue Sevilla quien pareció apropiarse de él. En mitad del concierto, la atención del cantante se dirigió hacia una pareja del público que se daban el sí quiero. Entre aplausos, añadieron que su hija se llama Alejandra en honor al artista. Sanz los felicitó y les dedicó una canción.

El tramo final sacó el lado más roquero del madrileño. Con "Aquello que me diste", La Cartuja se transformó en una fiesta multitudinaria de saltos, palmas y abrazos. "Ustedes saben que yo nunca me voy. No es fácil despedirse y voy a alargar esto todo lo que pueda", confesó entre risas. Y lo alargó. Porque las despedidas nunca han sido el fuerte de Alejandro Sanz, menos aún en Sevilla.

Acompañado por el guitarrista cordobés José Antonio Rodríguez, rindió homenaje a figuras esenciales del flamenco como Paco de Lucía y Manuel Molina, antes de desembocar en un final apoteósico con "Corazón Partío". Miles de personas cantaron cada palabra como si el tiempo no hubiera pasado desde que aquella canción se convirtió en parte de la banda sonora de varias generaciones.

Cuando el concierto se acercó definitivamente a su final, Sanz dejó un último mensaje que resumió el espíritu de toda la noche: "Viva la música y viva la vida. Quiéranse mucho, aprendan a decir no y a decir sí. Nos vemos la próxima. Te quiero, Sevilla".

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Entonces sí. Después de más de dos horas de emociones, recuerdos, homenajes y canciones eternas, la pregunta que daba nombre a la gira encontró su respuesta definitiva. ¿Y ahora qué? Ahora, Sevilla vuelve a esperar.