Desde su llegada a París, rodeado de las expectativas generadas por su destacada temporada en tierra batida, el español Rafael Jódar, de 19 años, no cesó de repetir que su primer año como profesional era una etapa de aprendizaje. En los cuartos de final, en su debut en la pista central de Roland Garros, el tenista madrileño recibió una dura lección del alemán Alexander Zverev, el jugador de mayor jerarquía entre los que aún sobreviven en el torneo. Zverev se impuso con parciales de 7-6(3), 6-1 y 6-3, dejando el cuadro individual masculino sin representación española.
Un hito negativo para el tenis español
Esta es la primera vez desde 2015 que ningún tenista español alcanza las semifinales de Roland Garros. En aquella ocasión, Garbiñe Muguruza se coronó campeona. Asimismo, es la primera vez en diez años que entre los cuatro mejores hombres no figura un español. Jódar era la última esperanza de una armada que llegó a París huérfana de Carlos Alcaraz, lesionado en la muñeca e incapaz de defender los dos títulos conseguidos en las dos últimas temporadas. En total, ocho tenistas masculinos y cinco femeninos representaban a España en el torneo.
El ascenso de Jódar y su tope con Zverev
De todos ellos, Jódar era el que más ilusionaba, gracias a sus grandes resultados sobre arcilla. En Marrakech conquistó su primer torneo, alcanzó las semifinales en Barcelona y los cuartos de final en Madrid y Roma, lo que le valió un puesto como cabeza de serie en París. Era su segunda experiencia en un Grand Slam, tras ganar un partido en el Abierto de Australia anterior. El joven demostró tener madera de campeón al superar cuatro rondas, pero también evidenció que tiene margen de mejora al estrellarse contra un rival de la talla de Zverev.
El alemán, que alcanzó su quinta semifinal en los últimos seis años y ha disputado finales en todos los grandes torneos menos Wimbledon, incluida la de París en 2024, tuvo que esforzarse en el primer set. Jódar se colocó 5-2 y dispuso de un servicio para cerrar el parcial, pero no tuvo la consistencia necesaria. A partir de ahí, el partido se convirtió en un monólogo del germano, salvo un intento de Jódar de romper el saque en el tercer set, que no concretó.
"He aprendido que si quiero estar entre los mejores del mundo, debo ser constante. No puedo permitirme momentos de debilidad, sobre todo en partidos a cinco sets. Puedo enfrentarme a cualquiera, pero tengo que mejorar muchas cosas", declaró el jugador. El balance de su Roland Garros es positivo, reconoció, y confesó sentirse "orgulloso" de su temporada sobre tierra batida. Sin embargo, la principal lección fue que tiene "un margen de mejora bastante grande", como ya dejó entrever en los cuartos de Madrid contra el número uno del mundo, el italiano Jannik Sinner.
Sin presión en la pista central
Jódar aseguró no haberse sentido impresionado por el escenario de la pista Philippe Chatrier, sellada por la huella de su ídolo, Rafael Nadal, quien ganó allí catorce Copas de los Mosqueteros. "No deja de ser una pista de tenis, no me he sentido presionado", afirmó, y prometió trabajar para regresar en mejores condiciones y pelear por metas más altas.
El español no podrá encabezar en este Roland Garros a la nueva generación. El brasileño Joao Fonseca, de 19 años, a quien venció en Madrid, o el checo Jakob Mensik, de 20, que lo derrotó en Australia, serán ahora los abanderados de esa camada. Uno de ellos se enfrentará a Zverev por un puesto en la final.



