La segunda vuelta presidencial en Colombia se desarrolla en un contexto de alta sensibilidad para el peso colombiano y los principales activos globales. El dólar se mantiene fuerte en el corto plazo debido a la postura restrictiva de la Reserva Federal, mientras que el euro, el oro y el bitcoin también se mueven bajo la presión de las tasas de interés, el petróleo y las tensiones geopolíticas. Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio, ofrece una lectura integrada: el dólar luce sólido por coyuntura, pero enfrenta señales de debilidad estructural a largo plazo.
Dólar y peso colombiano: la prima electoral entra en juego
El mercado comenzó junio con una nueva capa de incertidumbre tras la primera vuelta presidencial, en la que Abelardo de la Espriella obtuvo cerca del 43,7% de los votos e Iván Cepeda alrededor del 40,9%. Ambos disputarán la Presidencia en el balotaje del 21 de junio, fecha que el mercado incorporó como evento clave para el comportamiento del dólar frente al peso.
La Tasa Representativa del Mercado vigente para el inicio de junio quedó en $3.678,15. Sin embargo, tras conocerse el resultado de la primera vuelta, el dólar abrió en $3.576,66, unos $101 por debajo de la TRM, reflejando una apreciación inicial del peso. Ese movimiento puede ser favorable en el corto plazo, pero no elimina la posibilidad de nuevas presiones cambiarias mientras la elección siga abierta.
De acuerdo con Torroledo, el mercado no responde únicamente al resultado electoral, sino al grado de certeza que este ofrezca sobre la trayectoria fiscal y monetaria del país. “Cuando un proceso electoral entra en su tramo de definición, el mercado deja de operar sobre fundamentales y empieza a operar sobre escenarios”, afirmó.
En condiciones normales, el diferencial de tasas debería favorecer al peso. El Banco de la República mantiene su tasa de política en 11,25%, muy por encima de la estadounidense, lo que hace más atractivo mantener posiciones en moneda local. Pero ese premio puede reducirse cuando sube la percepción de riesgo país, reflejada en la deuda pública, o cuando aparecen necesidades de compra de dólares por parte del Gobierno para atender obligaciones externas.
Euro, petróleo y tasas: por qué Europa también pesa en el bolsillo colombiano
El euro también entra en esta lectura global. La moneda europea cerró mayo cerca de mínimos de seis semanas frente al dólar, alrededor de 1,165 dólares por unidad. Su comportamiento está conectado con las tensiones en el Estrecho de Ormuz y con el precio del petróleo, pues Europa es importadora neta de energía y, por tanto, más vulnerable a un encarecimiento del crudo.
Cuando el Brent se mantiene cerca de los US$97 por barril por choques geopolíticos, el dólar gana fuerza como activo refugio y el euro se debilita por el impacto esperado sobre crecimiento e importaciones energéticas. A esto se suma una postura más restrictiva de lo previsto por parte del Banco Central Europeo, que deja el cruce euro-dólar más expuesto al crecimiento relativo y a la factura energética.
Para los colombianos que reciben pagos en euros, estudian en Europa o planean viajar al continente, tanto el dólar como el euro se han fortalecido frente al peso. Al cruce actual el euro se ubica alrededor de $4.285, lo que vuelve relevante administrar más de una moneda fuerte dentro de la planeación financiera personal.
“El euro se mueve en torno a 1,165 dólares, cerca de mínimos de seis semanas, presionado por las tensiones geopolíticas y por un Banco Central Europeo más duro de lo esperado”, señaló Torroledo. En ese contexto, tener parte del balance en dólar y euro deja de ser una decisión sofisticada y se convierte en una herramienta de planeación.
Oro y bitcoin: refugio, riesgo y diversificación antes del balotaje
El oro muestra una dinámica distinta. Aunque la teoría tradicional indica que el metal pierde atractivo cuando las tasas reales suben, en este ciclo alcanzó un máximo histórico cercano a US$5.600 por onza y se mantuvo en niveles elevados. La explicación está en el cambio del comprador dominante: ya no pesa solo el inversionista financiero sensible a las tasas, sino los bancos centrales que diversifican reservas por razones fiscales y geopolíticas.
La corrección reciente, cercana al 4% en mayo, llevó al oro a ubicarse alrededor de US$4.450 por onza. Para Torroledo, ese ajuste no rompe la tendencia, sino que responde a una toma de ganancias técnica. Los bancos centrales sumaron 244 toneladas netas a sus reservas en el primer trimestre y completaron cinco trimestres consecutivos por encima de 200 toneladas, una señal de demanda estructural.
Bitcoin, por su parte, atraviesa una transformación de fondo. Tras alcanzar un máximo cercano a US$126.200 el 6 de octubre de 2025, cotizaba alrededor de US$75.260 al cierre del 27 de mayo, con sesiones recientes por debajo de US$77.000. Su caída estuvo acompañada de liquidaciones superiores a US$650 millones en 24 horas, con posiciones largas representando cerca del 89% del total.
La clave es que bitcoin ya no se mueve solo por factores internos del ecosistema cripto. Con fondos cotizados al contado en Estados Unidos que superan los US$107.000 millones en activos bajo administración y empresas que mantienen el activo en sus tesorerías, su precio se comporta cada vez más como el de un activo de riesgo macro, sensible a tasas, geopolítica y apetito por riesgo.
“La caída de bitcoin por debajo de los US$77.000, con liquidaciones por más de US$650 millones y salidas institucionales, no responde a un movimiento interno del ecosistema cripto, responde a la geopolítica y a la Reserva Federal”, explicó Torroledo.
En general, no se trata de un ganador entre dólar, euro, oro o bitcoin. Cada activo cumple una función distinta: el dólar y el euro operan como reserva líquida; el oro, como refugio con baja correlación frente al peso; y bitcoin, como una exposición de mayor volatilidad que exige medir bien el riesgo. En medio de la segunda vuelta, la diversificación deja de ser una conversación lejana y se convierte en una decisión de planeación financiera.



